Si me conocieras, sabrías que no todo es como lo pintan, que no
todo es como yo lo pinto, sabrías que tengo más corazón del que suelo
aparentar, pero que pocas personas se lo merecen, y que por eso, no lo van a
comprobar. Si me conocieras, descubrirías que no tengo una mente
perversa, fría, manipuladora o despreciable, sino que simplemente es un punto de
vista que adoro tener para poder conocer a mis enemigos, y no llevarme más
decepciones con falsos amigos.
Admito que no ha sido fácil, admito que he pasado
por cosas que pocos podrían imaginarse, pero supongo que cada uno ha tenido lo
suyo; y admito que podría haber tenido una mejor niñez, con amigos de verdad, y
podría haber dejado de ser la niña rara de la clase, pero hace tiempo que me di cuenta de que todo eso mereció la pena, y que por ello, a día
de hoy sé que me quieren por lo que soy.
Si me conocieras, podrías tener en cuenta todo mi pasado, te
sabrías mi vida punto por punto, detalle a detalle, y comprenderías que no
soy una opinión, que disfruto de la vida, que vivo el momento, al máximo, y que
odio las mentiras.
Si me conocieras, te darías cuenta de que no me creo ni la
mitad de las palabras, que me gusta que se demuestre y no que se diga, y que
una de mis misiones en la vida es la de ‘haz el amor y no la guerra’… la
violencia no lleva a ninguna parte, sólo a más violencia. Si me conocieras, sabrías
sumergirte en mis ojos y poder ver más allá de lo que evidencian, que
mis manos ya son viejas por la cantidad de historias y sentimientos que han
escrito en papel, que no llevo pendientes porque me parece estúpido, molesto e
innecesario, que todas mis pulseras son de tela y siempre las he llevado en la muñeca
izquierda y que cada una tiene un significado distinto, que ahora las tengo a buen resguardo; que mi colgante favorito dice
más de mí que cualquier análisis de sangre, mi DNI o mi currículum vitae, que
mis labios han besado muy pocas veces en falso, y que si los pruebas,
difícilmente puedes separarte de ellos.
Admito haber cometido errores, admito que tengo manías,
vicios y miedos, que me da por recordar el pasado para poder aprender de él,
que si me fallan una, dos o 20 mil veces, siempre acabo perdonando… pero pocas
veces olvidando. Que desconfío hasta de mi sombra y que no suelo tener la
cabeza bien amueblada; y que asquerosamente cuando consigo tenerla centrada en
algo o en alguien, acabo moviendo muebles por miedo a terminar jodiéndolo todo y por esa misma gilipollez… la jodo.
Que no soy igual que cualquier otra persona, y que aunque
eso a veces me pese, me hace asegurarme de que aquellas que me rodean,
les importa una grandísima mierda lo rara que sea, porque sí, soy rara, y a
pesar de ello me encanta que las paredes de mi habitación no se
vean por culpa de mis recuerdos, diferenciar olores mediante la temperatura de mi nariz, coleccionar chapas de los botellines de cerveza o piedras de los
lugares a los que sé que no volveré, seguir durmiendo con el peluche que tenía
mi hermano cuando era pequeño, o seguir creyendo que una sonrisa lo puede
cambiar todo a pesar de los tiempos que corren, que una mirada puede dejarte
sin palabras, y que un abrazo… sin aliento.
Si me conocieras, tendrías tantos privilegios como pocas
personas los tienen…