Recuerdo que ella se movía como si la música fuese su única
razón de ser, se dejaba llevar, con una cerveza en su mano derecha y un cigarro
en la izquierda, mientras hundía sus pies en la arena. No era la única chica de
aquel concierto, pero lo parecía, resaltaba entre las demás sin que se diese
cuenta. Se notaba que quería pasar desapercibida, pues sus movimientos no eran
exagerados, pero si te quedabas mirándola unos instantes, te hipnotizaba, y eso
es lo que hizo conmigo. Su pelo liso castaño se movía junto a ella, y parecía
que el viento no tenía ojos para nadie más, teníamos algo en común entonces. No
recuerdo su mirada, de hecho no recuerdo si en algún momento dejó que la
observase, siempre mantenía los ojos cerrados, pero imagino que esa es una de
las mejores maneras para despertar al máximo los otros sentidos que el cuerpo
humano muchas veces oculta. Sé que la volveré a ver, tengo la sensación de que
esto no quedará en un simple concierto de playa, quizás caminando por la calle,
quizás comprando en cualquier establecimiento o tomando el sol, quizás incluso
en mis sueños, sé que volveré a hipnotizarme, a dejarme llevar por su pelo y
esa Heineken de la que apenas quedaba rastro. Y ahora el quizás se queda en
quizás, por no haber tenido el valor de perturbar su espacio, por no haber
inundado sus sentidos, porque quizás ella lo estaba esperando, quizás quería
que diese yo el primer paso, o quizás simplemente no sabe ni que existo, pero
qué más da… Ahora sólo puedo amarrarme a esa palabra, ‘quizás’, pues no supe
aprovechar el momento y comprobar si podía ser real, o una simple ilusión de la
que, en ese caso, mis sentidos me cegaban.

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