No recuerdo la primera vez que puse un pie en la arena, ni
siquiera recuerdo mi primera borrachera, la primera vez que vomité o mi primer
tropiezo con el amor. No recuerdo el primer beso, la primera vez que entré en
casa después de una noche de fiesta intentando no hacer ruido o la primera
canción de la que me enamoré profundamente. Me gustaría recordar, lo admito,
pero en ocasiones olvidar es necesario para dar paso a recuerdos nuevos. Me he
llegado a plantear si puede que en un futuro el Alzheimer se apodere de mi mente,
quizás mejor eso que la locura, quizás. Olvidaría tantas cosas que no me dejan
pegar ojo por las noches, olvidaría un pasado de lágrimas, de desdichas, pero
por otra parte dejaría de lado también lo que me hace vivir día a día, lo que
me mantiene en pie. Y es que la vida sigue y se tiene que enfrentar con mucha
más fuerza a medida que los segundos pasan, porque el tiempo no espera por
nadie, y menos si estás muerto, aunque el tipo de descomposición no es la misma
a la de un corazón roto, quizás prefiera la primera. Si aún no sabes qué te
puede mantener en pie, párate, porque estás perdiendo un tiempo muy valioso que
no vas a poder recuperar, y eso no te lo vas a perdonar nunca. Para y piensa,
sé que a veces es complicado, pero también es necesario, y cuando descubras por
qué sigues caminando o por qué deberías seguir adelante, créeme que nada ni
nadie, tendrá el valor de detenerte.
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