Algo más que palabras

Algo más que palabras

lunes, 17 de noviembre de 2014

No me pidas que despierte

Somos dos víctimas del parpadeo, un abrir y cerrar de ojos en el que cuando nos queremos dar cuenta, ya estamos de nuevo despidiéndonos por no sé ya ni cuántas veces. Y entonces te vas y como haciéndome la vida imposible, se queda tu olor en mi cama junto con mis ganas de que me sigas besando hasta el próximo abrir y cerrar de ojos. Y cuando por fin consigo conciliar el sueño, pongo todas mis fuerzas en procurar no despertar hasta estar segura de que vuelves a estar tumbado a mi lado, sintiendo tu respiración en mi oreja derecha, con tus brazos envueltos en mi cintura… joder cómo odio tus malditos brazos, me dan esa falsa sensación de que vas a estar siempre, de que vas a ser ese calmante que me haga perder el sentido, el control sobre mi respiración y la puta inocencia. No tienes idea de lo que es imaginar las yemas de tus dedos acariciando mi espalda, no tienes idea, porque aun cuando tú no estás, buf, el momento se vuelve tan excitante, que te arrancaría la ropa en mi cabeza, y te comería a mordiscos como si hubiese estado no sé cuantos tropecientos años en ayunas, porque tengo hambre de ti, a todas horas, tengo hambre de esa risa tan peculiar que me hace estallar a carcajadas, de esos pitis a las 4 de la mañana, de tus notas de guitarra, de tus bromas malas con sabor a verdad, de tus besos en el cuello, o tus cosquillas improvisadas… Tengo hambre de momentos contigo de esos que me dejan sin aliento y que me ponen la piel de gallina. Porque simplemente por el parpadeo, merece la pena aguantar con los ojos abiertos lo máximo posible para que permanezcas a mi lado con esas ganas tan inmensas de hacerme sentir que sólo tú tienes y que sólo yo sé que existen.



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