Dos meses habían pasado desde la
última vez que hablamos, dos meses en los que nos olvidamos de la existencia
del otro y de las ganas que teníamos de al fin conocernos en persona. Casi
nueve semanas en las que fuimos unos completos desconocidos, en las que
decidimos rendirnos y dejar de luchar contra una distancia que nos mataba día
tras día, que hacía menguar nuestra esperanza de al menos rozar nuestras manos
por primera vez. Dos meses que habían pasado y que habían cerrado historias sin
empezar, o más bien que las habían dejado en standby, porque allí estaba, tres
filas por delante de mí, de espaldas. Saltaba como un loco al ritmo de la
música, dejándose llevar por las trompetas, inundándose de los focos del
escenario, del ambiente del concierto. No recuerdo qué recorrió mi cuerpo en
aquel instante, probablemente miedo, o quizás vértigo, sólo sé que mi tripa se
descompuso y mis latidos eran tales, que se podían oír por encima de la batería.
Tampoco recuerdo cómo conseguí hacer que mi pie derecho andara, es decir, ¿que
debía hacer? ¿Seguir mirando y dejar pasar el momento, o adentrarme en algo que
probablemente iba a acabar mal? Mi cabeza lo tenía claro 'no te acerques', 'no
lo hagas' creo que me decía, no estoy segura, mi corazón gritaba tan alto que
no escuchaba muy bien sus palabras, supongo que así fue como mi cuerpo empezó a
avanzar entre la multitud, abriéndose paso lentamente hasta que consiguió
clavar los pies detrás de él. Involuntariamente mis manos temblorosas fueron a
sus ojos, supongo que creí oportuno romper el hielo de aquella forma. Él se
detuvo y giró su cuerpo hacia mí con una sonrisa, hasta que descubrió a la
chica que tuvo la genial idea de taparle los ojos, en lugar de simplemente
saludar. Su rostro era pálido, de asombro, una infinidad de pensamientos le
pasaron por la cabeza en ese momento, pero una sola pregunta se dibujaba en sus
labios '¿qué haces aquí?'. La música se detuvo y podía oír su respiración
entrecortada. Yo le sonreía y él continuaba con su cara de sorpresa, mirándome
fijamente sin parpadear. No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero me pareció
realmente una eternidad, hasta que alguien interrumpió aquel momento de paz.
Una chica de pelo rizado sujetaba dos cervezas y le sonreía. Yo relajé mi
rostro y la miraba, sin saber muy bien cómo reaccionar. Él también nos miraba a
las dos, aparentemente sin saber qué decir o hacer. Entonces la música empezó a
sonar de nuevo, y yo conseguí despertar de mi parálisis. Mi cuerpo se dio la
vuelta y empezó a correr hacia la oscuridad, intentando esquivar cualquier obstáculo que se cruzara en mi camino. Sólo deseaba escapar de allí lo
menos destrozada posible.
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