Algo más que palabras

Algo más que palabras

martes, 30 de agosto de 2016

Al ritmo de la trompeta

Dos meses habían pasado desde la última vez que hablamos, dos meses en los que nos olvidamos de la existencia del otro y de las ganas que teníamos de al fin conocernos en persona. Casi nueve semanas en las que fuimos unos completos desconocidos, en las que decidimos rendirnos y dejar de luchar contra una distancia que nos mataba día tras día, que hacía menguar nuestra esperanza de al menos rozar nuestras manos por primera vez. Dos meses que habían pasado y que habían cerrado historias sin empezar, o más bien que las habían dejado en standby, porque allí estaba, tres filas por delante de mí, de espaldas. Saltaba como un loco al ritmo de la música, dejándose llevar por las trompetas, inundándose de los focos del escenario, del ambiente del concierto. No recuerdo qué recorrió mi cuerpo en aquel instante, probablemente miedo, o quizás vértigo, sólo sé que mi tripa se descompuso y mis latidos eran tales, que se podían oír por encima de la batería. Tampoco recuerdo cómo conseguí hacer que mi pie derecho andara, es decir, ¿que debía hacer? ¿Seguir mirando y dejar pasar el momento, o adentrarme en algo que probablemente iba a acabar mal? Mi cabeza lo tenía claro 'no te acerques', 'no lo hagas' creo que me decía, no estoy segura, mi corazón gritaba tan alto que no escuchaba muy bien sus palabras, supongo que así fue como mi cuerpo empezó a avanzar entre la multitud, abriéndose paso lentamente hasta que consiguió clavar los pies detrás de él. Involuntariamente mis manos temblorosas fueron a sus ojos, supongo que creí oportuno romper el hielo de aquella forma. Él se detuvo y giró su cuerpo hacia mí con una sonrisa, hasta que descubrió a la chica que tuvo la genial idea de taparle los ojos, en lugar de simplemente saludar. Su rostro era pálido, de asombro, una infinidad de pensamientos le pasaron por la cabeza en ese momento, pero una sola pregunta se dibujaba en sus labios '¿qué haces aquí?'. La música se detuvo y podía oír su respiración entrecortada. Yo le sonreía y él continuaba con su cara de sorpresa, mirándome fijamente sin parpadear. No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero me pareció realmente una eternidad, hasta que alguien interrumpió aquel momento de paz. Una chica de pelo rizado sujetaba dos cervezas y le sonreía. Yo relajé mi rostro y la miraba, sin saber muy bien cómo reaccionar. Él también nos miraba a las dos, aparentemente sin saber qué decir o hacer. Entonces la música empezó a sonar de nuevo, y yo conseguí despertar de mi parálisis. Mi cuerpo se dio la vuelta y empezó a correr hacia la oscuridad, intentando esquivar cualquier obstáculo que se cruzara en mi camino. Sólo deseaba escapar de allí lo menos destrozada posible.



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