Hasta que llega alguien que rompe tus esquemas, ese
es el punto de inflexión en tu vida; ese es el momento en que todas tus
creencias se desmoronan y realmente no tienes idea de qué creer. Todo aquello
que habías estado construyendo durante años, durante toda tu vida, se viene
abajo de golpe, todo. Pero lo gracioso es que no te importa, no te importa. Lo
aceptas y punto, no te preocupas, no te preocupas… y sonríes… y te encanta.
Hasta que llega ese alguien y rompe tus esquemas, tus instintos, tus miedos… hasta
que llega y rompe tus lágrimas con su pulgar, con un beso en tu mejilla, con un
susurro en la madrugada. No sabes que decir, no sabes cómo actuar, ni si quiera
puedes decir que tienes personalidad, ni si quiera puedes decir que te queda
alma… pero llega esa persona y rompe tus esquemas, se lleva esos pedacitos y
los reconstruye, de hecho, te vuelve a construir a ti, de arriba abajo, cacho a
cacho y te sientes mejor, mucho mejor, sabes que esa persona te ha hecho mejor,
más pura, más humilde, más humana y con un corazón a prueba de balas, porque
llega esa persona y se convierte en tu escudo impenetrable, en la fuerza que te
falta, en el sueño de tus noches, en las razones de tu sonrisa. Y es que llega
ese alguien que rompe tus esquemas, que te recuerda que tu corazón puede volver
a bombear tan fuerte al ritmo de una canción, que te pasarías toda tu vida escuchándola
una y otra vez, hasta el fin de tus días… Porque llega ese alguien que lo pone
todo patas arriba y te enseña que el mundo, se puede ver de una forma distinta…
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