Algo más que palabras

Algo más que palabras

miércoles, 20 de mayo de 2020

Dejaba volar su imaginación

Quería poder gritar a los cuatro vientos que sólo ella estaba en su mente. Que día tras día la observaba esperando que sus miradas acabaran encontrándose. Y siempre que entraba por la puerta, le dedicaba una sonrisa amable para que ella supiera que estaría ahí cuando lo necesitase. Quería poder escupir todos sus miedos, pero su mayor miedo era perderla a ella, o incluso olvidarse de esos castaños ojos que escondían un universo por descubrir. Nunca obtenía respuesta, nunca la había esperado, pero una ínfima esperanza se escondía tras su oreja camuflada en un susurro, su dulce voz se apoderaba de él todas las noches, suplicándole más de todo aquello que estaba por venir. La pensaba siempre a las 3 de la mañana, haciendo que su mano derecha recorriera un cuerpo que no estaba, pero que él sentía y amaba. Su mente jugaba al despiste y le otorgaba el placer de arrancarle la ropa con tan sólo desearlo, recorriendo sus curvas con la mirada, y fijándose en cada uno de los lunares que cubría su cuerpo. Él sabía que aquello no duraría para siempre, y aprovechaba cada milésima de segundo que ella estuviese a su lado, cada beso lo grababa a fuego en su memoria, guardando sus caricias como un tesoro tras muros infranqueables. Respiraba toda su esencia, haciendo estremecer su cuerpo al mínimo contacto, y consiguiendo un orgasmo limpio y puro entre sus piernas. Aun siendo imposible, podía sentir el calor entre sus brazos, podía escuchar cómo su corazón palpitaba aceleradamente por el éxtasis, exigiéndole un poco de oxígeno a sus venas. Una y otra y otra vez acariciaba sus muslos para que notase cuánto deseaba fundirse con ella, dejando ver cómo la ansiedad se apoderaba de él por cada segundo que se hacía de rogar, por cada instante en que no conseguía estar dentro de ella, entregándole su alma y todos sus sentidos. Quería hacerle el amor y que ella lo disfrutase, que se diese cuenta de que podía tener un amante para toda la vida, pero sobre todo un amigo. Deseaba que ella se volcase de pleno, que se olvidase de sus putas mierdas y se dejase querer sin límites, sin miedos, que él sabría cuándo cambiar el ritmo. Y noche tras noche, si ella se dejaba llevar, la temperatura subía y el orgasmo se intensificaba, el placer aumentaba al son de las embestidas y los agarrones de pelo, y conseguían tatuarse a besos aquellas zonas de sus cuerpos que necesitaban sutura para empezar a cicatrizar. Porque él sabía que todos sus deseos eran en vano, que ella vendía una personalidad de mercadillo para que la gente la comprase y así no se percatasen del palacio en ruinas en el que se había convertido.


martes, 30 de agosto de 2016

Al ritmo de la trompeta

Dos meses habían pasado desde la última vez que hablamos, dos meses en los que nos olvidamos de la existencia del otro y de las ganas que teníamos de al fin conocernos en persona. Casi nueve semanas en las que fuimos unos completos desconocidos, en las que decidimos rendirnos y dejar de luchar contra una distancia que nos mataba día tras día, que hacía menguar nuestra esperanza de al menos rozar nuestras manos por primera vez. Dos meses que habían pasado y que habían cerrado historias sin empezar, o más bien que las habían dejado en standby, porque allí estaba, tres filas por delante de mí, de espaldas. Saltaba como un loco al ritmo de la música, dejándose llevar por las trompetas, inundándose de los focos del escenario, del ambiente del concierto. No recuerdo qué recorrió mi cuerpo en aquel instante, probablemente miedo, o quizás vértigo, sólo sé que mi tripa se descompuso y mis latidos eran tales, que se podían oír por encima de la batería. Tampoco recuerdo cómo conseguí hacer que mi pie derecho andara, es decir, ¿que debía hacer? ¿Seguir mirando y dejar pasar el momento, o adentrarme en algo que probablemente iba a acabar mal? Mi cabeza lo tenía claro 'no te acerques', 'no lo hagas' creo que me decía, no estoy segura, mi corazón gritaba tan alto que no escuchaba muy bien sus palabras, supongo que así fue como mi cuerpo empezó a avanzar entre la multitud, abriéndose paso lentamente hasta que consiguió clavar los pies detrás de él. Involuntariamente mis manos temblorosas fueron a sus ojos, supongo que creí oportuno romper el hielo de aquella forma. Él se detuvo y giró su cuerpo hacia mí con una sonrisa, hasta que descubrió a la chica que tuvo la genial idea de taparle los ojos, en lugar de simplemente saludar. Su rostro era pálido, de asombro, una infinidad de pensamientos le pasaron por la cabeza en ese momento, pero una sola pregunta se dibujaba en sus labios '¿qué haces aquí?'. La música se detuvo y podía oír su respiración entrecortada. Yo le sonreía y él continuaba con su cara de sorpresa, mirándome fijamente sin parpadear. No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero me pareció realmente una eternidad, hasta que alguien interrumpió aquel momento de paz. Una chica de pelo rizado sujetaba dos cervezas y le sonreía. Yo relajé mi rostro y la miraba, sin saber muy bien cómo reaccionar. Él también nos miraba a las dos, aparentemente sin saber qué decir o hacer. Entonces la música empezó a sonar de nuevo, y yo conseguí despertar de mi parálisis. Mi cuerpo se dio la vuelta y empezó a correr hacia la oscuridad, intentando esquivar cualquier obstáculo que se cruzara en mi camino. Sólo deseaba escapar de allí lo menos destrozada posible.



miércoles, 20 de julio de 2016

Seguiré escuchándote

Vamos a empezar con buen pie. Yo me centraré en escribir y tú te centrarás en abrir tus cinco sentidos al máximo a medida que me lees, ¿vale? Es muy importante que prestes atención a cada una de mis palabras, porque cuando menos te los esperes te serán útiles. No voy a mentirte, no voy a prometerte una lectura con unicornios o arco iris, mi intención no será hacerte creer en un mundo único y maravilloso en el que todo es posible, dejémonos de fantasías y reflexionemos sobre lo verdaderamente importante, la realidad. Quizás aún no tengas la suficiente edad para comprender todo lo que quiero explicarte en esta carta, pero como padre, es mi deber advertirte acerca del mundo que te rodea ahora y por el cual, en unos años, estarás luchando. No hace falta ser adivino para ver que serás de esas personas que se dejarán la piel por aquello en lo que creen. A medida que crezcas yo también me haré más viejo, supongo que eso si lo entiendes, pero mientras que tú cada vez serás más lista y curiosa, yo tendré más limitaciones. Prométeme que tendrás paciencia conmigo y te prometo que no seré un obstáculo que limite tus sueños, prefiero ser más bien una biblia de recuerdos, a la que puedas acudir cada vez que lo necesites. No voy a obligarte a que aprendas de mis errores, quiero que aprendas de los tuyos propios, que te arrepientas de las cosas que haces, y que en un futuro pienses ‘que estúpida fui, ahora soy más inteligente y no lo volvería a hacer’, y que caigas de nuevo en el mismo error, porque eres humana, y eso es fantástico. Por ello aprende a seleccionar también a la gente que te rodea, no soy quien para prohibirte que tipo de amigos quieres tener, yo ya elegí en mi vida, y ahora te toca a ti. Sin embargo, me reservo el derecho a cabrearme si empiezas a salir con un chico que no me gusta, lo siento pero no es negociable, simplemente quiéreme y no me lo tengas en cuenta. 


viernes, 29 de abril de 2016

Descansa en paz

Felicidades, ya no me duele. Has conseguido arrancar las lágrimas de raíz incluso antes de que broten. Ni el respirar, ni el esperar. No duele, porque se ha jodido tantas veces que una más, pues ya no duele, ni si quiera escuece. Para que mentir, si al final tú seguirás siendo el de la última palabra, el que decide, el que traiciona y decepciona, el que sigue creyendo que no duele cuando en realidad no es que no duela, es que ya no puede. Porque algo muerto ya no duele, porque las caricias ya no duelen, porque los recuerdos ya no existen y las palabras que nunca mueren, se mueren. Porque no duele, no, porque no escuece, y porque ESTO no lo merece.




domingo, 22 de noviembre de 2015

Desintoxicarse lleva su tiempo

Llevo tiempo pensando en dejar varias adicciones. El levantarme tarde todas las mañanas a causa de haberme acostado tarde todas las noches, lo típico de cocinar por aburrimiento o comer, el salir de fiesta siempre que puedo para alcoholizarme y no acordarme de nada al día siguiente, el soñar en algo que en realidad ni si quiera existe, el escuchar los recuerdos que me susurran al oído intentando evitar que me olvide de ellos, el pensar e imaginarme una vida diferente para poder lidiar con la mía, o en definitiva, el dejarte a ti. Pero irónicamente sólo lo he pensado, y no existen límites para el pensamiento, quizás los únicos límites los puedas establecer tú. No me juzgues por no ser como te gustaría que fuese, o por obsesionarme por algo tan simple como tu fría labia cuando hablas del invierno. No me juzgues cuando camine obsesionada por no pisar las alcantarillas o por mi manía de no querer formar parte de la especie humana. No lo hagas, porque desintoxicarse lleva su tiempo, y mientras un cúmulo de gente me suplica que no lo haga,  que no me desintoxique, sólo pienso en que quiero hacerlo por ti.


jueves, 24 de septiembre de 2015

Cuando aprenda

El día que deje de temblarme la voz cuando hablo de ti, sabré entonces que lo habré superado. Habré superado los besos, los abrazos y las regañinas que me faltan. Habré superado tu ausencia en las noches de incertidumbre, en mis confusiones de vida. Habré superado el que no me mires y que parezca que todo va bien, que todo se supera con un par de narices y la cabeza bien alta. Habré superado el no escuchar más tu voz cada vez que la necesite, que te necesite a ti, y el odiar tus silencios con miles de palabras, con millones de sensaciones indescriptibles. Habré superado que me haces falta todos los días de mi vida, aquellos a los que dabas sentido sin recibir nada a cambio. Te habré superado a ti en cierto modo, pero hasta que no me supere a mí misma, el mundo se puede ir un poco a la mierda que la voz me seguirá temblando hasta el día en que me muera.


martes, 28 de julio de 2015

Hablemos de sexo

Hablemos de sexo. Podríamos hablar de ti, de mí o incluso del tiempo, pero hoy quiero que hablemos de sexo. Digámonos guarradas hasta que nuestros cuerpos no aguanten más el deseo, hasta que tu presión de vaqueros se haga tan evidente que las indirectas no tengan vela en este entierro. Hablemos de cómo recorrería tu cuerpo con mis labios, de cómo dejarías escapar un leve gemido involuntario, y de la sonrisa que tu boca me regalaría cuando llegara al centro de tu universo. Hablemos de sexo, del considerado 'el bueno', no hablo de sexo duro, mejor llámalo intenso, del que las embestidas se hacen dulces con las caricias y del que los besos son el principal alimento. Hablemos de tus manos en mis caderas, en mis piernas, en mi cuello... Hablemos de cómo nos perderíamos en el sudor de nuestros cuerpos, de cómo nos ahogaríamos en nuestro aliento, de cómo romperíamos el silencio con nuestros gritos de deseo. Hablemos de sexo, aunque si lo prefieres, dejemos de hablar y vayamos a hacerlo.

sábado, 30 de mayo de 2015

Nuevas oportunidades

Se trata de algo peligroso cuando alguien llega para llamar a tu puerta. Preguntarse por qué, es inútil, todos sabemos a qué me refiero. Da miedo abrir y no encontrarte lo que te esperas, miedo que en realidad sólo quieran pasarse a saludar y no a quedarse a tomar aunque sea un mísero café que sepa a un 'ponme más que tengo el resto de mi vida para conocerte'. Y es que por eso no te atreves a levantarte del sofá y abrir para ver quién es y qué quiere, porque piensas que nadie va a permanecer a tu lado para siempre. Crees que no hay persona en la tierra que pueda comprender tus andaduras descalza por la azotea a altas horas de la madrugada, crees que no hay ser que entienda por qué lloras cuando ves las calles de tu ciudad, o qué es aquello que te atormenta y que hace que seas tan única y real. Es algo que no alcanza tu comprensión, no entiendes o más bien no quieres entender que acostumbrarte a algo no es malo si te hace feliz, que sonreír cuando alguien mira es legal aun exponiendo tus emociones, que perder un día con alguien no es perder si has aprendido a vivir. 
Así que por una vez en tu vida hazme caso, levántate de ese sofá mugroso y abre la puerta, descubre que hay detrás de ella, porque puede que llegue el momento en que te arrepientas y no podrás hacer nada por solucionarlo.


miércoles, 25 de marzo de 2015

La verdad sobre el dolor

Podría escribir sobre lo de siempre, podría maquillar mis sentimientos en palabras bonitas y que suenen bien para quitarle gravedad al asunto. Pero no quiero hacerlo, hoy no, no estoy dispuesta a seguir detrás de un escudo que parece irrompible, porque está hecho pedazos hace ya unos cuantos años. Nadie me advirtió que vivir era tan duro, nadie tuvo el valor de mostrarme que en menos de una milésima de segundo te puedes ver hundido en la mierda. Me alimentaron de esperanzas, de sonrisas y de milagros, me hicieron creer que había una segunda oportunidad para todo, y que a la tercera iba la vencida, que podemos intentarlo una y otra vez hasta que nos salga bien, y nadie me preparó para poder soportar tanta pérdida junta, nadie se atrevió a confirmarme lo que desde siempre había sabido, que cuando uno no puede más, hay otra piedra que golpea más fuerte y te obliga a quedarte tirado en el suelo, desangrándote como una presa recién cazada. Perder a cuatro personas a las que has querido más que a ti misma en 1 año, eso sí es tener mala baba por parte de quien quiera que haya consentido esto. Y por eso estoy aquí, siendo trasparente, dejando ver lo que más temo que vean, que yo también me rompo, que no soy inmune a todo lo que me echen, y que por ende puedo ser más humana de lo que la mayoría piensa acerca de mí. Y no te engañes, no busco consuelo por tu parte, sólo necesitaba desahogarme.



lunes, 17 de noviembre de 2014

No me pidas que despierte

Somos dos víctimas del parpadeo, un abrir y cerrar de ojos en el que cuando nos queremos dar cuenta, ya estamos de nuevo despidiéndonos por no sé ya ni cuántas veces. Y entonces te vas y como haciéndome la vida imposible, se queda tu olor en mi cama junto con mis ganas de que me sigas besando hasta el próximo abrir y cerrar de ojos. Y cuando por fin consigo conciliar el sueño, pongo todas mis fuerzas en procurar no despertar hasta estar segura de que vuelves a estar tumbado a mi lado, sintiendo tu respiración en mi oreja derecha, con tus brazos envueltos en mi cintura… joder cómo odio tus malditos brazos, me dan esa falsa sensación de que vas a estar siempre, de que vas a ser ese calmante que me haga perder el sentido, el control sobre mi respiración y la puta inocencia. No tienes idea de lo que es imaginar las yemas de tus dedos acariciando mi espalda, no tienes idea, porque aun cuando tú no estás, buf, el momento se vuelve tan excitante, que te arrancaría la ropa en mi cabeza, y te comería a mordiscos como si hubiese estado no sé cuantos tropecientos años en ayunas, porque tengo hambre de ti, a todas horas, tengo hambre de esa risa tan peculiar que me hace estallar a carcajadas, de esos pitis a las 4 de la mañana, de tus notas de guitarra, de tus bromas malas con sabor a verdad, de tus besos en el cuello, o tus cosquillas improvisadas… Tengo hambre de momentos contigo de esos que me dejan sin aliento y que me ponen la piel de gallina. Porque simplemente por el parpadeo, merece la pena aguantar con los ojos abiertos lo máximo posible para que permanezcas a mi lado con esas ganas tan inmensas de hacerme sentir que sólo tú tienes y que sólo yo sé que existen.



sábado, 30 de agosto de 2014

Find the crack...

Sólo para que lo sepas, me pondré a apenas dos centímetros de tus labios para ver si podrías aguantar la tentación de besarme. Te susurraré infinidad de cosas al oído con tal de no dejar que se pierda ninguna palabra entre mis ganas y tus sentidos. Aceleraré tu pulso, tu respiración, recorreré cada rincón de tu cuerpo con mis labios, cada lugar que intentases esconder de mí, no te dejaré pronunciar palabra, ni podrás evitar que despierte tus cinco sentidos a mi gusto. Besaré tu cuello virgen, pues hasta entonces no habrá sabido lo que es el infierno, y mientras tanto, tú te dejarás llevar, y provocarás que yo lo haga sin pensar en las consecuencia del día siguiente. Recorrerás con tus manos cada vértice de mi cuerpo con los ojos cerrados y te pediré que me acaricies con la yema de tus dedos, lentamente, dejando mi sentido de la orientación fuera de juego. Te exigiré que le pierdas todo el respeto a mis pertenencias, porque están a tu entera disposición desde la primera vez que me miraste. Y te suplicaré que no aguantes la tentación, que sobrepases cualquier barrera que separe tus labios de los míos, porque me moriré de ganas por morderlos suavemente, mientras saboreo todo aquello que me queda por descubrir de ti.


sábado, 26 de julio de 2014

En todas partes

Y la gran putada es cuando giras la esquina y lo ves a él, con el que estarías dispuesta a echar raíces definitivamente, con el que no te importaría saltar desde una avioneta suspendida en el cielo a tropecientos kilómetros del suelo. La gran putada es esa, porque sientes una vez más que no es para ti, que tú no eres para él, aunque las señales te indiquen que te equivocas y que no podrías ser más feliz con otra persona. La putada es cuando decides no girar la esquina y das media vuelta, y aún así, él también está ahí, sorprendentemente está mires donde mires, porque fue diseñado exclusivamente para ti y tú intentas convencerte de que no es así, de que la vida te depara otra cosa. Y cuando empiezas a decirle a la otra persona que cuidado porque se va a enamorar, la gran putada es que tú, ya estás enamorada.



martes, 8 de julio de 2014

Cosas del Alzheimer

No recuerdo la primera vez que puse un pie en la arena, ni siquiera recuerdo mi primera borrachera, la primera vez que vomité o mi primer tropiezo con el amor. No recuerdo el primer beso, la primera vez que entré en casa después de una noche de fiesta intentando no hacer ruido o la primera canción de la que me enamoré profundamente. Me gustaría recordar, lo admito, pero en ocasiones olvidar es necesario para dar paso a recuerdos nuevos. Me he llegado a plantear si puede que en un futuro el Alzheimer se apodere de mi mente, quizás mejor eso que la locura, quizás. Olvidaría tantas cosas que no me dejan pegar ojo por las noches, olvidaría un pasado de lágrimas, de desdichas, pero por otra parte dejaría de lado también lo que me hace vivir día a día, lo que me mantiene en pie. Y es que la vida sigue y se tiene que enfrentar con mucha más fuerza a medida que los segundos pasan, porque el tiempo no espera por nadie, y menos si estás muerto, aunque el tipo de descomposición no es la misma a la de un corazón roto, quizás prefiera la primera. Si aún no sabes qué te puede mantener en pie, párate, porque estás perdiendo un tiempo muy valioso que no vas a poder recuperar, y eso no te lo vas a perdonar nunca. Para y piensa, sé que a veces es complicado, pero también es necesario, y cuando descubras por qué sigues caminando o por qué deberías seguir adelante, créeme que nada ni nadie, tendrá el valor de detenerte.




sábado, 14 de junio de 2014

Aprovecharlo...

Recuerdo que ella se movía como si la música fuese su única razón de ser, se dejaba llevar, con una cerveza en su mano derecha y un cigarro en la izquierda, mientras hundía sus pies en la arena. No era la única chica de aquel concierto, pero lo parecía, resaltaba entre las demás sin que se diese cuenta. Se notaba que quería pasar desapercibida, pues sus movimientos no eran exagerados, pero si te quedabas mirándola unos instantes, te hipnotizaba, y eso es lo que hizo conmigo. Su pelo liso castaño se movía junto a ella, y parecía que el viento no tenía ojos para nadie más, teníamos algo en común entonces. No recuerdo su mirada, de hecho no recuerdo si en algún momento dejó que la observase, siempre mantenía los ojos cerrados, pero imagino que esa es una de las mejores maneras para despertar al máximo los otros sentidos que el cuerpo humano muchas veces oculta. Sé que la volveré a ver, tengo la sensación de que esto no quedará en un simple concierto de playa, quizás caminando por la calle, quizás comprando en cualquier establecimiento o tomando el sol, quizás incluso en mis sueños, sé que volveré a hipnotizarme, a dejarme llevar por su pelo y esa Heineken de la que apenas quedaba rastro. Y ahora el quizás se queda en quizás, por no haber tenido el valor de perturbar su espacio, por no haber inundado sus sentidos, porque quizás ella lo estaba esperando, quizás quería que diese yo el primer paso, o quizás simplemente no sabe ni que existo, pero qué más da… Ahora sólo puedo amarrarme a esa palabra, ‘quizás’, pues no supe aprovechar el momento y comprobar si podía ser real, o una simple ilusión de la que, en ese caso, mis sentidos me cegaban.


miércoles, 30 de abril de 2014

Cuando descubres más

Si me conocieras, sabrías que no todo es como lo pintan, que no todo es como yo lo pinto, sabrías que tengo más corazón del que suelo aparentar, pero que pocas personas se lo merecen, y que por eso, no lo van a comprobar. Si me conocieras, descubrirías que no tengo una mente perversa, fría, manipuladora o despreciable, sino que simplemente es un punto de vista que adoro tener para poder conocer a mis enemigos, y no llevarme más decepciones con falsos amigos.
Admito que no ha sido fácil, admito que he pasado por cosas que pocos podrían imaginarse, pero supongo que cada uno ha tenido lo suyo; y admito que podría haber tenido una mejor niñez, con amigos de verdad, y podría haber dejado de ser la niña rara de la clase, pero hace tiempo que me di cuenta de que todo eso mereció la pena, y que por ello, a día de hoy sé que me quieren por lo que soy.
Si me conocieras, podrías tener en cuenta todo mi pasado, te sabrías mi vida punto por punto, detalle a detalle, y comprenderías que no soy una opinión, que disfruto de la vida, que vivo el momento, al máximo, y que odio las mentiras.
Si me conocieras, te darías cuenta de que no me creo ni la mitad de las palabras, que me gusta que se demuestre y no que se diga, y que una de mis misiones en la vida es la de ‘haz el amor y no la guerra’… la violencia no lleva a ninguna parte, sólo a más violencia. Si me conocieras, sabrías  sumergirte en mis ojos y poder ver más allá de lo que evidencian, que mis manos ya son viejas por la cantidad de historias y sentimientos que han escrito en papel, que no llevo pendientes porque me parece estúpido, molesto e innecesario, que todas mis pulseras son de tela y siempre las he llevado en la muñeca izquierda y que cada una tiene un significado distinto, que ahora las tengo a buen resguardo; que mi colgante favorito dice más de mí que cualquier análisis de sangre, mi DNI o mi currículum vitae, que mis labios han besado muy pocas veces en falso, y que si los pruebas, difícilmente puedes separarte de ellos.
Admito haber cometido errores, admito que tengo manías, vicios y miedos, que me da por recordar el pasado para poder aprender de él, que si me fallan una, dos o 20 mil veces, siempre acabo perdonando… pero pocas veces olvidando. Que desconfío hasta de mi sombra y que no suelo tener la cabeza bien amueblada; y que asquerosamente cuando consigo tenerla centrada en algo o en alguien, acabo moviendo muebles por miedo a terminar jodiéndolo todo y por esa misma gilipollez… la jodo.
Que no soy igual que cualquier otra persona, y que aunque eso a veces me pese, me hace asegurarme de que aquellas que me rodean, les importa una grandísima mierda lo rara que sea, porque sí, soy rara, y a pesar de ello me encanta que las paredes de mi habitación no se vean por culpa de mis recuerdos, diferenciar olores mediante la temperatura de mi nariz, coleccionar chapas de los botellines de cerveza o piedras de los lugares a los que sé que no volveré, seguir durmiendo con el peluche que tenía mi hermano cuando era pequeño, o seguir creyendo que una sonrisa lo puede cambiar todo a pesar de los tiempos que corren, que una mirada puede dejarte sin palabras, y que un abrazo… sin aliento.


Si me conocieras, tendrías tantos privilegios como pocas personas los tienen…


martes, 1 de abril de 2014

La princesa trágica

Ella es la princesa de los vaqueros rotos, de las sonrisas a escondidas. Una princesa con deportivas manchadas por la vida, por las idas y venidas, por los ríos que la inundan hasta el cuello. La princesa de los libros inacabados y con pies de plomo, pero con alas de dragón, que perdió a su rey en la mayor de las batallas y hoy decide emprender su guerra contra el mundo. Ella no es de esas princesas encerradas en lo alto de una torre, que grita a voz y pulmón que necesita que la rescaten, ella no quiere ser rescatada, con un poco de conversación le basta. La princesa de las noches eternas, de suspiros incompletos y miradas entrecortadas, de lágrimas alcoholizadas por la ilusión desesperanzadora que la visita a las 3 de la mañana reclamando sus sueños imposibles, arrebatándole sus ganas de dormir. Es de esas princesas que prefiere mancharse las manos a quejarse de que la lluvia moja su tan valioso vestido, porque le encanta descalzarse en la hierba y sentir como sus dedos se humedecen al ritmo de los truenos, que prefiere descubrir a que se lo cuenten, que prefiere sentir aunque sea rabia por todo el mundo, porque ella es todo odio. La princesa trágica, o más bien de las tragedias, esa princesa que pierde el zapato a la vuelta de la esquina, aquella que encuentras en cada catástrofe, sin miedos pero con complejos, con un perdón continuo entre manos, pero que no conoce el olvido, pues nadie ha tenido el placer de presentarles. Ella es la princesa de las mil recompensas, aunque la otra persona no se las merezca, quizás la princesa de los sueños de alguien, quizás de las pesadillas, pero al fin y al cabo princesa de capa y espada, acostumbrada a las heridas por falta de escudo, frágilmente irrompible, fácilmente reconocible, difícilmente alcanzable. Ella custodia el castillo de su rey, una princesa con ideas de mujer pero cuerpo de niña, que madura por segundos a petición de las estrellas, porque la princesa algún día será reina, pero mientras tanto, será princesa de vaqueros rotos y de sonrisa fingida.


miércoles, 12 de marzo de 2014

Por el sencillo placer de sentir

Recuerdo que decidí dar el paso y dejar de sentir miedo por una noche, dejar de preocuparme por lo que sería, dejar que los sentidos se apoderasen de mí. Recuerdo que me acariciaba sin maldad alguna, sin segundas intenciones, sólo para hacerme sentir a gusto a su lado, para prometerme su confianza eterna. Recuerdo que recorría mi espalda con sus dedos, lentamente, desde la cintura hasta el cuello, con caricias suaves que me hacían sentir cosas que nunca podría haber imaginado, al menos no sin él. Recuerdo que nuestros ojos se miraban fijamente, y que cada vez estaban más cerca, que mis dedos se hundían en su pelo, dejándose llevar por el oleaje de sus pensamientos, recorriendo de vez en cuando su mejilla derecha, su frente, sus labios, cada vez más cerca de ellos. Recuerdo cómo mi respiración se volvía cada vez más intensa, cómo mi corazón se aceleraba pensando en el deseo de que mis labios se uniesen a los suyos, de que sobrepasasen cada una de las barreras que nos impedían saltarnos las normas, imaginando que puede que cuando juntásemos nuestros latidos, el mundo se pararía y por fin podríamos tener nuestra noche eterna, por fin podríamos escuchar esa canción por la que nos desvivimos para que, mientras sigamos respirando, no deje de sonar .


martes, 25 de febrero de 2014

El punto de inflexión

Hasta que llega alguien que rompe tus esquemas, ese es el punto de inflexión en tu vida; ese es el momento en que todas tus creencias se desmoronan y realmente no tienes idea de qué creer. Todo aquello que habías estado construyendo durante años, durante toda tu vida, se viene abajo de golpe, todo. Pero lo gracioso es que no te importa, no te importa. Lo aceptas y punto, no te preocupas, no te preocupas… y sonríes… y te encanta. Hasta que llega ese alguien y rompe tus esquemas, tus instintos, tus miedos… hasta que llega y rompe tus lágrimas con su pulgar, con un beso en tu mejilla, con un susurro en la madrugada. No sabes que decir, no sabes cómo actuar, ni si quiera puedes decir que tienes personalidad, ni si quiera puedes decir que te queda alma… pero llega esa persona y rompe tus esquemas, se lleva esos pedacitos y los reconstruye, de hecho, te vuelve a construir a ti, de arriba abajo, cacho a cacho y te sientes mejor, mucho mejor, sabes que esa persona te ha hecho mejor, más pura, más humilde, más humana y con un corazón a prueba de balas, porque llega esa persona y se convierte en tu escudo impenetrable, en la fuerza que te falta, en el sueño de tus noches, en las razones de tu sonrisa. Y es que llega ese alguien que rompe tus esquemas, que te recuerda que tu corazón puede volver a bombear tan fuerte al ritmo de una canción, que te pasarías toda tu vida escuchándola una y otra vez, hasta el fin de tus días… Porque llega ese alguien que lo pone todo patas arriba y te enseña que el mundo, se puede ver de una forma distinta…


domingo, 23 de febrero de 2014

Se hace de querer

Apareciste de la nada, como si una ráfaga de viento te pusiera bajo mi ventana. En ocasiones es difícil seguir ocultando lo evidente, por mucho que uno se lo niegue y reniegue una y otra vez, todo acaba saliendo de alguna forma al exterior, todo se acaba notando, todo se acaba sintiendo...

-No me encuentro bien, sabes? Tengo nauseas, mareos y vómitos, no como, no duermo, tengo fiebre y la piel de gallina, no suelto los cigarros en todo el santo día y no dejo de llorar. Empiezo a pensar que tengo algún tipo de enfermedad.
-No.
-No qué?
-Que no estás enferma.
-Cómo lo sabes?
-De quién te has enamorado?


miércoles, 19 de febrero de 2014

Hablando de sorpresas

Te admiro, admiro la forma en la que te tomas las cosas sin que parezca que te preocupan lo más mínimo, la forma en que discurre tu mente, haciendo parecer que estás como una cabra, pero que en realidad significa que tienes claras tus prioridades. Admiro tu gran desfachatez y que te importe tan poco, realmente me parece encantador, y que te dejes llevar, lejos, te da igual dónde porque eso es lo de menos si te sientes a gusto con todo lo demás. Porque es fantástico que te pierdas entre las palabras de cualquier libro, o entre los efectos especiales de una película de acción, que te rías con cosas que ni yo misma entendería, y que seguramente el resto del mundo tampoco; que descubras ese universo paralelo que hay para todo y que nadie más ve, que seas el pionero de tantas cosas inexplicables y estúpidas, pero con tanto significado. Te admiro, porque haces que todo tenga sentido sin que te des cuenta, te admiro porque aprietas pero no ahogas, y con eso ayudas más de lo que te imaginas, porque eres un escéptico de todo, porque hace falta mucho para alcanzarte...
Y aquí estoy, admirándote, esperando que vuelvas a sorprenderme con dos cervezas en la mano y una noche de pensamientos locos e inalcanzables para cualquier ser humano racional. Porque de eso de trata, de hacer que nos sintamos diminutos a medida que nuestras mentes se dejan llevar por la locura y los pocos grados de alcohol que llevemos en el cuerpo.